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14/09/2006

LA BANDERA DE LA INDEPENDENCIA
Iñaki Zuloaga

LA BANDERA DE LA INDEPENDENCIA<BR>
Iñaki Zuloaga

Hace unos días que me desplacé a Cataluña y concretamente a un pequeño pueblo de la Plana de Urgell leridana para recoger a mi mujer y mis hijos  que habían pasado unos días con su familia catalana.
 


Todo normal. Buen tiempo, caracoles y pan tomaca.
 


Una cosa, sin embargo, parecía desentonar en el paisaje. Sobre un edificio en construcción en el que se acababa de rematar el forjado y colocado el tejado, lucía ligeramente agitada por el viento, una ikurriña.
 


Si se hubiese tratado de una casa terminada y habitada hubiese concluido inmediatamente que alguno de nuestros paisanos disponía de una casa en el pueblo, pero ¿qué pintaba la ikurriña en aquél edificio en construcción?. Una senyera todavía, pero una ikurriña...
 


No me pude resistir así que me dispuse a averiguar el origen de aquél pequeño desajuste en matrix.
 


Pregunté a la familia pero ellos estaban igual de sorprendidos pues la ikurriña sólo llevaba un día en el gailur de la casa coincidiendo con el final de la obra del tejado. A ellos también les picaba la curiosidad.
 


Aquí vascos no hay, me dijo el Sr. Berenguer, conocedor en profundidad de las interioridades de la pequeña comunidad. Y esa casa que yo sepa es de la familia Fuster, añadió con gesto de sorpresa.
 


Al día siguiente acompañado por el Sr. Berenguer nos dirigimos a lo más alto del pueblo decididos a poner fin a aquella incertidumbre que se había apoderado de todos nosotros.
 


En los bajos de la casa coincidimos con el patriarca de la familia Fuster que examinaba minuciosamente la marcha de la construcción.
 


Aunque la conversación se desarrolló en cerrado catalán leridano la trascribo en castellano.
 
  • Buenos días, Ricard. ¿Cómo va todo?.
  • Bien Antoni. Ya hemos terminado el forjado y el tejado.
  • Mira Ricard, estoy con el marido de mi sobrina, que han pasado unos días con nosotros y que es vasco y le ha sorprendido ver la ikurriña que habéis colocado en el tejado. ¿porqué habéis colocado la ikurriña y no la seynera?.
  • Porque la única bandera del país que todavía representa la independencia es la ikurriña. La seynera no es más que una bandera autonómica. El Artur (Mas) ha vendido nuevamente Cataluña a los madrileños y esta vez es para siempre Antoni.
 
Aunque la conversación continuó agradablemente durante más de media hora me quedo solamente con esta parte.
 


El nuevo Estatuto de Cataluña, aquél que salió del Parlament con el respaldo del 90% de los catalanes, aquél que era modélico para todos, aquél que iba a ser respetado por Zapatero y por el PSOE, aquél que se nos restregó por las narices durante tantos meses a los vascos, yace cepillado a los pies de la vergonzosa actitud de CIU y de Artur Mas, contentos, sin embargo de haberse vengado de Carod y de poder recuperar el poder político que antes utilizaron para pactar con el PP.
 


Los viejos militantes del nacionalismo catalán se dan perfecta cuenta que Zapatero ha sepultado sus anhelos para los próximos veinticinco años y son conscientes, además, de que las nuevas generaciones catalanas no viven la política como las generaciones que vivieron la represión franquista. Dentro de quince años desaparecerá la última generación que vivió de cerca la tragedia de nuestros pueblos y lo que viene detrás no es demasiado prometedor.
 


Madrid, ese tinglado de poder aristocrático, político, militar y judicial se ha salido con la suya y Cataluña será para siempre una región de la España monárquica. Pero lo que mas les ha dolido a las personas como Ricard Fuster, es que Cataluña no haya sabido rechazar esa pantomima de Estatuto y haya acudido dócilmente a votar y refrendar el pasteleo de Mas y Zapatero.
 


Y nosotros. ¿Adónde vamos?. Hasta cuando será la Ikurriña símbolo de independencia?. ¿Caeremos, como pardillos, en la celada a la catalana que nos presenta Zapatero?. ¿Seguiremos el camino que nos presenta el PSOE y que ya sabemos que no conduce a otro lugar que a los intereses del tinglado madrileño?
 


Espero, por nuestro bien, que sepamos elegir el camino para luchar por los derechos de nuestra nación vasca y honrar la memoria de tantos que murieron en el camino de la libertad de nuestro pueblo. Yo, al menos, lo haré, porque todavía y a pesar de estar en la segunda parte de la vida no renuncio a los sueños políticos de mi juventud que no son otros que ser enterrado en tierra vasca, soberana y republicana.
 
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