Gipuzko Buru Batzarra

Berriak

Ezagutzera eman
2006/06/05

DESATENCIÓN CIEGA
Jon Azua en DEIA

DESATENCIÓN CIEGA<br>
Jon Azua en DEIA

Hace unos días se cruzaban un par de lecturas diversas que me han hecho pensar  en las ideas de este artículo. Por un lado, mi buen amigo y admirado colaborador periodístico José Ramón Scheifler escribía en el marco del tan delicado momento político en Euskadi, en el que la esperanza colectiva inhibe cualquier tipo de comentario que pudiera ser calificado de intruso y quebrantador de un positivo resultado y , por otro, tenía la oportunidad de leer a Eduardo Punset en su “Búsqueda de la felicidad”. Así, por un lado, parecería como si hubiéramos sido condenados a abandonar la política dejando el país en exclusiva al presidente Rodríguez Zapatero-PSOE y al grupo Batasuna-ETA. Lo que ellos acuerden , cuándo y como lo deseen y con el papel que deseen adjudicar al resto de los ciudadanos debería darse por bueno dado el elevado precio del resultado a obtener: la paz y la ausencia de violencia (éste si debe ser el tan cacareado inexistente precio de la paz). Pero mas allá del contenido central de su artículo, me llamó la atención algo de lo que personalmente soy consciente (espero equivocarme) desde hace ya mucho tiempo y que me preocupa en extremo: la aparente soledad del Lehendakari y las escasas muestras de apoyo y defensa real del propio nacionalismo democrático.
 


Dejo tan sólo al lector repasar  mentalmente las muchas descalificaciones de que nuestro Lehendakari es objeto, desde los adversarios políticos –que casi acompañan su crítica con la exaltación admirada de buen hacer y altura de miras de otros lideres nacionalista-, sus mociones de censura, su permanente ataque  que parecería alumbrar nuevos tiempos con nuevo paisaje político y nuevos carteles electorales; hasta los ya cansinos programas de televisión que apoyados en presupuestos públicos improvisan cómicos que, disfrazados en el humor, reiteran una y mil veces su atención crítica, más allá de gustos y simpatías , a nuestra primera autoridad. Pero lo llamativo no es que se produzcan estos posicionamientos u otros más extremos y persistentes desde determinadas opiniones publicadas tras sus correspondientes intereses editoriales y mediáticos (resulta insultante escuchar sus opiniones de hoy dando por bueno y deseable lo que demonizaron hace tan solo meses, argumentando que estamos en otro escenario), sino la ausencia de respuesta por parte del nacionalismo. Y no se trata de defender personas e Instituciones (que también) sino lo que esto significa.
 


Así, si lo relacionamos con mi segunda lectura comentada al principio, e inspiradora de este escrito (“En busca de la felicidad” de Eduardo Punset) cabría destacar un par de puntos: 1) El defecto de la desatención ciega que lleva a la gente a concentrarse en exclusiva en el conjunto olvidando los detalles, y 2) las palabras de Elie Wiesel, premio Nobel y ex recluso de un campo de concentración, recordando que lo opuesto del amor no es el odio sino la indiferencia.
 


Es decir, corremos el peligro de asistir encantados al gran conjunto esperanzado de futuro que todos deseamos, y evitamos analizar la cantidad de detalles que son no sólo el día a día o la esencia del proceso (eso que se promete tan largo, lento, impreciso, desconocido...) haciendo que demos todo por bueno con la excusa del “¿no estamos mejor que hace...?” que tanto gusta usar al presidente Zapatero (hablo de Estatut, de relaciones PSOE-Euskadi, de la política exterior o de la sustitución de Aznar en Moncloa). Un buen ejemplo lo hemos tenido estos días en el mal llamado debate del estado de la nación, empezando por eliminar aquello de lo que no quiere hablar, de lo que resolverán los catalanes en referéndum, de los estupendos acuerdos presupuestarios (tantas veces alcanzados y tantas otras no implementados). Convendría poner  un poco mayor atención en los detalles. Son demasiadas las cosas que se están dejando pasar -simples detalles dirían algunos- para no cuestionar el conjunto que se nos promete como perfecto.
 


Ojalá nos esforcemos todos en ese “inicio del principio del camino de...” del Sr. Zapatero y lo hagamos posible, cuanto antes mejor, pero no olvidemos lo mucho que nos queda por hacer al margen también de los inevitables protagonistas –a quienes apoyamos y sus actuaciones complejas reconocemos- de algunas de las cuestiones en juego, en la compleja construcción de un proyecto político, económico y social que dependerá de todos nosotros y cuya orientación, tutela y dirección no es irrelevante. No vaya a ser que cuando debamos tomar ciertas decisiones  críticas, por aquello de no “obtener beneficios de paz”, hayamos colaborado en la amortización de algunas de nuestras principales piezas  (ideas, instrumentos, alianzas y personas) y no ya sólo para la pacificación y la normalización imprescindibles sino para avanzar en las demandas reales y permanentes de nuestra sociedad, en el marco de nuevos tiempos que no esperan a la improvisación. Por tanto, tengamos presente muchos síntomas observables que no pueden quedar en el olvido: la aprobación mayoritaria de nuestro Parlamento de un nuevo modelo de relación y marco político, el rechazo-recorte de la voluntad mayoritaria del Parlamento de Catalunya , la bienvenida perdida de memoria del PSOE y determinados comunicadores  e intelectuales que firmaban manifiestos a la puerta de Ajuria Enea condenando el diálogo con el diablo, que al parecer ha dejado de serlo pese a que persisten las nefastas políticas ilegalizadoras o la aún vigente persecución de la antigua mesa del Parlamento...
 


Recordemos la importancia del conjunto, de los detalles y de los caminos y procesos que los interconectan. Y, por supuesto, de aquellos que habrán de hacerlos posibles. Hagamos posible la política al servicio de una sociedad mejor. No acabemos con nuestros mejores activos. No sólo tenemos derecho a ello, sino, sobre todo, la obligación de trabajar para conseguirlo.
 
Ezagutzera eman

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