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Ezagutzera eman
2006/03/01

ECONOMIA Y SOBERANISMO

ECONOMIA Y SOBERANISMO

IZETA

A lo largo de los últimos años se han escrito muchos artículos de opinión sobre las consecuencias económicas que tendría para nuestra Nación el ejercicio de su legítimo derecho de autodeterminación, sobre todo en el caso de que el deseo mayoritario de sus habitantes fuese el de optar por la constitución de un estado soberano.

La mera lectura de estos escritos, y sin entrar todavía en consideraciones económicas, nos indica claramente cual es el objetivo de quienes los suscriben. Este objetivo no es otro que suscitar el miedo de los lectores a un escenario de libertad política.

Sin contar con ningún análisis serio, puesto que un análisis de este tipo requeriría un conocimiento concreto de las circunstancias en las que nuestra nación alcanzaría su emancipación, una larga lista de especuladores del futuro nos amenazan con la ruina total a todos los niveles económicos y sociales y vaticina un éxodo masivo de nuestra población ante la falta de recursos económicos que asolaría nuestra tierra.

Hay que reconocer que la campaña de alarmismo interesado está bien orquestada y se aprovecha de opiniones particulares de personas de diferentes sectores y asociaciones para intentar transmitir a la opinión pública una sensación de unanimidad del conjunto del tejido económico vasco con sus interesadas conclusiones. Todo ello convenientemente aireado por una maquinaria mediática de clara inspiración españolizante puede llevarnos a la errónea conclusión, básica por otra parte en todo complot propangandístico, de que una mentira repetida cientos de veces puede convertirse en una gran verdad.

Lo primero que hay que señalar, desde un punto de vista político, es que la propuesta de Nuevo Estatuto para la Comunidad Autónoma de Euskadi, realizada por nuestro Lehendakari Juan José Ibarretxe, constituye una propuesta legítima de nuestro pueblo y realizada de manera escrupulosamente democrática. No plantea, por tanto, ningún escenario violento, ni revolucionario que pudiese propiciar un ambiente de enfrentamiento social o de vació de poder que dañase la confianza de los mercados en nuestra economía ni en la estabilidad de nuestro tejido social.

Hay que señalar a renglón seguido que dicha propuesta contó con la mayoría absoluta del Parlamento Vasco que decidió de manera natural y democrática manifestar nuestro deseo inalienable de dotarnos de nuevos marcos de soberanía política desde el respeto a la diversidad y pluralidad de nuestra nación pero sin renunciar a nuestros derechos históricos que ahora mismo se hallan supeditados a una Constitución aprobada bajo la coacción de un ejercito franquista levantado en armas contra cualquier idea de progreso.

Todos sabemos que los actos realizados bajo coacción son nulos de pleno derecho, salvo quienes a lo largo de estas décadas se han beneficiado de una situación injusta en la que la minoría política impone a nuestro pueblo las reglas de juego político y económico.

Nuestra nación ha pasado en los últimos veinticinco años de ser una economía industrial en declive a ser una de las economías europeas más dinámicas. Nuestra renta y nivel de bienestar es homologable con el de cualquier país europeo considerado como adelantado. Nuestro gasto en innovación o medio ambiente serían deseables para muchos países de la UE.

¿Cómo se ha conseguido este cambio?. No ha sido, desde luego, por las ayudas que hemos recibido del Estado empeñado en desmantelar industrias básicas para nuestro tejido económico en beneficio de regiones españolas más adictas a las tesis del “tinglado constitucionalista”. No ha sido, desde luego, por el injusto reparto de las ayudas comunitarias que siempre acaban en otros lugares del Estado y no siempre financiando inversiones productivas o estructurales sino al servicio de ciertas baronías y lobbies políticos. No ha sido, desde luego, con los impuestos de otros ciudadanos del Estado como de forma falaz se ha pretendido insinuar.

Nuestra nación ha contado solamente con sus propios ciudadanos y con los instrumentos políticos y económicos propios de nuestro estatus político. Nuestro Concierto Económico, aquél al que tantos agoreros pronosticaron un corto recorrido, se ha constituido en la prueba fehaciente de nuestra viabilidad económica pues nos obliga a recaudar nuestros impuestos y a contar solo y exclusivamente con ellos para la financiación de nuestras necesidades. Y nos ha ido muy bien y gracias a él contamos con unas Haciendas saneadas y capaces de dar respuesta a nuestras necesidades económicas. ¿Y que ha quedado fuera de este marco de autogobierno?. El sistema de Seguridad Social. ¿Y porqué ha quedado fuera.?. Muy sencillo. Porque gracias al superavit que dicho sistema presenta en Euskadi el Estado puede financiar otras cosas fuera de nuestra nación y alimentar una gran parte del clientelismo político de otras tierras del Estado.

El Concierto Económico no es una dádiva de Madrid como estos pensadores interesados quieren insinuar ni su legitimidad emana de la Constitución del Estado aprobada como se ha dicho en un clima de clara coacción política. El Concierto Económico Vasco es la expresión de la soberanía económica de nuestro pueblo cercenada en el pasado por una larga lista de ejércitos españoles y constituye hoy por hoy una verdadera estructura de soberanía económica y por ende política y un derecho histórico de nuestra nación.

Pero volvamos al hilo de las razones que han propiciado la transformación profunda de nuestra sociedad en las últimas décadas. El concierto ha funcionado porque nuestra nación es seria. Porque detrás están unos ciudadanos disciplinados y trabajadores que han aceptado los retos de una sociedad moderna, que han sabido aprovechar las oportunidades de nuestro sistema económico y emprender nuevos caminos empresariales, aprovechar los fondos de innovación y desarrollo, vender en el extranjero sin estar pensando en la protección del Ministerio de turno, que han sabido acometer los nuevos marcos de relación humana en la empresa, que han sabido adaptarse a los retos de un mundo globalizado. Y todo ello sin perder sus señas de identidad. Su lengua y sus tradiciones, perseguidas y denostadas en el pasado por unas ideas de universalidad y supremacía de la españolidad, han servido hoy, para fundamentar una forma de ser, de vivir y de actuar, que son al fin y al cabo las que soportan y legitiman nuestro deseo de tener nuestra propia presencia en el mundo sin la tutela de nadie.

No acabaremos aquí y en próximos artículos iremos desmantelando las tesis de esa gran falacia que se ha dado en llamar “El coste de la no-España”, “Los costes de la secesión” y otra larga serie de títulos rimbombantes y alarmistas elaborados interesadamente por quienes desean perpetuar una situación de imposición y de supeditación de nuestra nación a la voluntad de otros.

Ezagutzera eman

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